Foz de Lumbier

martes, 1 de febrero de 2011


ZE BERRI ya ha cruzado las aguas del Irati. Y para ello no ha necesitado del viejo puente que
salvaba la Foz de Lumbier: el antiguo Puente del Diablo, más tarde llamado Puente de Jesús. Así pues, hoy hablaremos de foces y de demonios.
Tras este puente construido en el siglo XVI y hundido por los franceses en 1812, está la Foz de Lumbier, uno de los más conocidos desfiladeros de
Navarra.
La palabra foz es de origen latino (fauces, ‘garganta’). Es interesante la presencia de la f-, rasgo inequívoco del romance propio de Navarra, y que se habló en las faldas de Leire y en otras partes de Navarra. También se habló euskera en la ladera norte de la sierra de Leire, pero no nos ha
llegado la denominación vasca de esta foz. Sin embargo, podemos aventurar que fue llamada Atea, Irunberriko Atea. Atea es, efectivamente, ‘puerta’, pero en toponimia toma el signifi-
cado de ‘paso’ y singularmente de ‘foz’. No hay más que recordar las Ateas de Belabarze o las Ateas de Belagua, o fijarse en la Foz de Mintxate. En la misma Cuenca de Pamplona existe una impresionante foz formada por el Arakil al abandonar la Barranca para entrar en la Tierra de Pamplona: Oskia, que en la documentación antigua aparece como Oskiatea.
En cuanto a los diablos hay que reconocer que aparecen con cierta frecuencia en la toponimia. El diablo comparte con moros (en este caso sinónimo de mairus o jentiles), lamias o brujas la capacidad de construir obras espectaculares por su dificultad técnica. No hay más que ver de nuevo la fotografía para darse cuenta de que sólo un diablo podía acometer su construcción.
La leyenda cuenta que había un palacio en un lado de la foz, y al otro lado de la misma estaba la
fuente más cercana, llamada de Liscar. El Diablo se comprometió a construir el puente en una sola noche, a cambio del alma de la dueña del palacio. Pero lo acabó una hora más tarde de lo pactado y así salvó el alma la palaciana. Incluso perdió el nombre, ya que después fue llamado Puente de Jesús. No sería de extrañar que tras este fracaso buscase consuelo en alguna de las numerosas regatas que en Navarra se llaman Infernuko Erreka ‘regata del infierno’ por lo abrupto de su entorno.
Fotografía de Apajos

Publicado por Mikel Belasko en 8:34  

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